Juntas directivas de alto impacto

“En los momentos de incertidumbre y descenso de la economía, es donde sale a relucir la materia prima con la que están confeccionadas las Juntas Directivas y la Gerencia de las empresas”.

En la práctica de la consultoría se puede caer en ciertas tentaciones, como la de querer ser arte y parte. El caso de Arthur Andersen es un ejemplo, pero también lo es cuando un consultor busca ser, al mismo tiempo, miembro de la Junta Directiva de la compañía que asesora.

¿Se mide realmente el impacto que esto tiene en la organización? ¿El doble mensaje que se envía a la empresa, los conflictos de interés y la responsabilidad que implica? Es un modelo que considero arriesgado, peligroso e incluso, en algunos casos, con una gran dosis de falta de ética profesional, sin importar los títulos universitarios que se tengan.

Las regulaciones en nuestros países deben afinarse más para dejar claros los escenarios donde se presentan conflictos de interés en los órganos de gobierno.

En los últimos años, acompañando procesos de implementación en órganos de gobierno, hemos visto modelos de consultoría enfocados casi exclusivamente en el impacto de las Juntas Directivas en la empresa. En mi opinión, sobre todo en empresas familiares, esto exige una filigrana muy delicada para alcanzar el estado del arte.

He coincidido con más de una docena de empresas en Latinoamérica —muchas de ellas en crisis, incertidumbre, “vacas flacas” o reorganización— y el reto ha sido enorme.

Desde nuestra experiencia hemos participado en la construcción de acuerdos societarios que permiten implementar cambios de manera pragmática, mejorando la gobernabilidad y ayudando a reflotar o repensar la empresa para enfrentar los desafíos que los tiempos modernos imponen.

Diseñar una Junta Directiva “ideal” es un ejercicio complejo que requiere habilidad y atención a más de una docena de variables. No basta con evaluar conocimientos y experiencia: el estilo de comunicación y liderazgo de cada miembro impacta directamente la dinámica y la cultura de la Junta. Puede ser positivo si se gestiona bien, pero destructivo si no se prevé.

Incorporar un nuevo miembro a la Junta es un proceso que requiere ciencia y arte. No siempre se trata de cambiar a todos, sino de identificar a quienes puedan generar un impacto positivo en la dinámica colectiva. Esto exige confianza, disciplina y, en el caso de empresas familiares, aprender a usar un método más objetivo para conformar un equipo de alto rendimiento.

Hoy ya existen estudios que demuestran el valor agregado que una buena Junta puede tener en los resultados de la empresa. Por eso, diseñar con conocimiento y modelar una Junta Directiva de alto impacto debe entenderse como una inversión que genere resultados positivos y cuantificables.

Artículo publicado originalmente en Revista Dinero.

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